
La fractura del sacro sigue siendo una lesión subestimada en la traumatología de la pelvis. Su impacto en las raíces sacras S2 a S4 impone un manejo rehabilitador que va mucho más allá del simple reacondicionamiento muscular: los trastornos esfinterianos, disfunciones del suelo pélvico e inestabilidad de la articulación sacroilíaca deben ser integrados desde la evaluación inicial.
Supervisión de las raíces sacras y rehabilitación perineal tras fractura del sacro
Observamos con demasiada frecuencia que la componente neurológica pasa a un segundo plano en los protocolos de rehabilitación de la pelvis. Una fractura que atraviesa los forámenes sacros puede comprimir o estirar las raíces S2 a S4, responsables de la inervación del suelo pélvico, la vejiga y el esfínter anal.
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Se recomienda una evaluación perineal sistemática desde la fase inicial. Esta incluye la evaluación de la prueba muscular del perineo, la búsqueda de una hipoestesia perineal en silla y un interrogatorio enfocado sobre posibles fugas urinarias o trastornos sexuales.
La rehabilitación perineal debe comenzar antes de la reanudación de la marcha autónoma, de lo contrario, se corre el riesgo de cronificar los trastornos esfinterianos. El trabajo del suelo pélvico combina contracciones voluntarias analíticas (tipo Kegel adaptado), biofeedback perineal y coordinación con el transverso del abdomen. Este enfoque, aún poco detallado en los contenidos destinados al público en general, condiciona sin embargo la calidad de vida a largo plazo.
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Para estructurar esta fase, la rehabilitación tras fractura del sacro se beneficia de seguir un protocolo que integre desde el principio el aspecto perineal con el aspecto musculoesquelético.
Carga temprana y gestión del descondicionamiento de la pelvis

El apoyo parcial temprano reduce significativamente el riesgo de descondicionamiento global. La tendencia actual en traumatología de la pelvis se aleja del decúbito estricto prolongado tan pronto como la estabilidad de la fractura lo permite, típicamente después de la confirmación radiológica de la ausencia de desplazamiento secundario.
El paso del decúbito a la verticalización sigue una progresión controlada:
- Movilización en la cama con ejercicios de bomba vascular (flexión-extensión de tobillo, contracciones isométricas de los cuádriceps y de los glúteos) para limitar el riesgo de flebitis y la pérdida muscular
- Verticalización asistida con apoyo parcial utilizando dos muletas, respetando el dolor como indicador de sobrecarga mecánica sobre el sacro
- Transición hacia el apoyo total progresivo, guiada por el control radiológico de la consolidación y la tolerancia clínica durante la marcha
Recomendamos no esperar a la consolidación completa para solicitar las cadenas musculares de la pelvis. El glúteo medio, el psoas y el transverso del abdomen pueden trabajarse de forma isométrica y luego en concéntrica ligera mucho antes de reanudar la marcha sin ayuda técnica.
Fortalecimiento de los estabilizadores de la pelvis y trabajo propioceptivo en cadenas cerradas
El sacro es la clave del anillo pélvico. Su fractura desestabiliza toda la mecánica lombo-pélvica. El fortalecimiento de los estabilizadores de la pelvis condiciona la calidad de la recuperación funcional.
Los ejercicios se centran en cuatro grupos prioritarios:
- El glúteo medio, estabilizador frontal de la pelvis, trabajado en decúbito lateral (abducción contra gravedad) y luego en carga unipodal progresiva
- El psoas ilíaco, cuyo acortamiento post-inmovilización limita la flexión de cadera y modifica la lordosis lumbar
- El transverso del abdomen, garante del bloqueo del compartimento abdominal durante las transferencias y la marcha
- El suelo pélvico, en sinergia con el transverso, para restaurar la continencia y la estabilidad perineal
El trabajo propioceptivo en cadenas cerradas (media sentadilla, zancadas controladas, apoyo unipodal sobre superficie estable y luego inestable) se realiza una vez adquirido el apoyo total. Esta etapa a menudo se descuida, aunque prepara directamente la reanudación del deporte y la prevención de dolores sacroilíacos residuales.
Movilidad sacroilíaca y ejercicios específicos
La rigidez de la articulación sacroilíaca post-fractura genera frecuentemente dolores lumbares bajos referidos. Movilizaciones suaves en nutación y contranutación del sacro, realizadas en cuadrupedia o en decúbito dorsal (rodillas flexionadas, inclinación pélvica antero-posterior), permiten restaurar el juego articular sin ejercer una presión excesiva sobre el foco de fractura.
El estiramiento del piriforme y de los rotadores externos de la cadera completa este trabajo. Un piriforme contracturado tras la inmovilización comprime el nervio ciático en la gran escotadura ciática, lo que puede imitar o agravar una ciática residual.

Reanudación del deporte tras fractura del sacro: criterios y plazos
La reanudación deportiva no se decide sobre un plazo calendario sino sobre criterios funcionales validados. Esperamos la reunión de varias condiciones: marcha prolongada indolora, apoyo unipodal estable mantenido al menos treinta segundos, ausencia de dolor a la palpación del sacro y del surco sacroilíaco, y prueba del glúteo medio calificada como mínimo de cuatro sobre cinco.
La rehabilitación en medio acuático (balneoterapia, marcha en agua profunda) ofrece un relevo pertinente entre la fisioterapia en seco y la reanudación en terreno. La flotabilidad del agua reduce las cargas mecánicas sobre la pelvis mientras permite un trabajo cardiovascular y muscular global.
El retorno a los deportes de impacto (correr, deportes colectivos) se produce al final, tras una fase de reatletización progresiva que incluye bicicleta estática, natación y fortalecimiento en sala. Cualquier episodio de dolor sacroilíaco o lumbar bajo durante el aumento de carga impone un retorno temporal a la etapa anterior.
La fractura del sacro implica un recorrido de rehabilitación más técnico de lo que parece. La consideración temprana del suelo pélvico, el fortalecimiento específico de los estabilizadores de la pelvis y el respeto de criterios funcionales estrictos antes de la reanudación deportiva marcan la diferencia entre una recuperación completa y secuelas establecidas.